Princesa del Cielo

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Asunción, Paraguay
Hola, soy una amante del chocolate y de la lectura paranormal. Me gusta leer, escribir e introducirme a los diferentes y fascinantes mundos que existen dentro de los libros.
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viernes, 25 de marzo de 2011

Relatos a la luna llena: El reflejo de la Luna..

Sharon I

Muchas cosas me hicieron de la forma en que soy ahora. Son tantos los acontecimientos que marcaron mi vida, que no sabría decirlos todos. 

Pero la primera de ellas; es una nunca lo olvidare:

La muerte de mi tío...

____________________

Me levante con cuidado de la cama. Aun recordaba algo del sueño.  Tuve una pesadilla. Soñé que estaba en una colina y todo lo que se extendía ante mi era un gran campo verde. 

No sé por qué sentí angustia por esto. No había nada malo con el paisaje. Es solo que, a medida que iba avanzando a lo largo del lugar, no encontraba a nadie. Estaba sola, en medio de todo. Y luego me desperté inquieta. 

El sueño fue realmente extraño, y no me gusto. 

Fui a la esquina de la habitación y busque algo que ponerme en el baúl donde se encontraban mis vestimentas, y elegí uno entre el montón de vestidos doblados que se hallaban dentro. 

Escogí un vestido azul, era muy hermoso. El Tío me lo regalo en mi cumpleaños hace solo unos meses, cuando cumplí doce. Tenía mangas holgadas que cubrían mis brazos pero aun así eran de una tela  azul claro, algo transparente. 

Fue mi favorito desde el momento en que puse mis ojos en él.

Eirin, la muchacha que habíamos contratado unos días atrás, entró por la puerta después de tocar y que le diera permiso para entrar. Llenó la bañera de agua tibia y salió. Me introduje en el agua y me lave, luego salí y me seque con el paño de baño que me había dejado. Mi tío y yo no teníamos mucho dinero, aun siendo de una familia de clase media por así decirlo.

Pero podíamos darnos pequeños lujos, como contratar a alguien para cuidar de las cosas de la casa mientras salía a trabajar y  yo a investigar los alrededores y ampliar mis conocimientos leyendo algunos textos que encontraba. Que no eran muchos, pero las ciencias eran un tema muy interesante para mí. 

Cuando estuve vestida con el hermoso conjunto, pase a peinarme el cabello. Me llegaba hasta la mitad de la espalda. Me gusta mi cabello más largo… aunque hace unos años tuve que cortármelo para poder escaparnos de un pueblo y que nadie me reconociera. 

Una vez pasado el cepillo por mí pelo, empecé a recogerlo por la mitad en un moño. Así mi pelo quedaba extendido por mis hombros y espalda. Las puntas de mi cabello tenían ondas las cuales quedaban como si yo misma las hubiera trabajado para que quedaran así. “Bueno, creo que ya esta…mmm…si, ya está”

 Una vez  terminado mi arreglo, fui a desayunar. Había leche tibia que endulzaba con miel y, para acompañar, rodajas de pan. 

Cuando termine, salí de la casa. Este era el tercer o cuarto día desde que nos mudamos.
Volvimos a quedarnos en una casa que estaba lejos del pueblo, accesible pero alejada de él. Aun no había conocido a nadie de ahí. Claro, que siempre era mejor que no tuviese contacto con ellos.
Mire al cielo y estaba algo nublado. 

El sol se asomaba solo un poco el día de hoy. Tome aire, respirando  el fresco aroma de la mañana. Eran como las seis o siete del día. 

Los humanos del pueblo ya debieron de empezar sus tareas desde hace mucho, pero algunos solo empezarían a despertar.

El lugar en donde residía no tenía mucho follaje. Tendría que recorrer unas millas si quería algo de sangre animal para alimentarme. No encontraría un puma u otro animal carnívoro por aquí.
Si, lo sé, yo también estaba triste por eso. Me tendría que conformar con unos animales herbívoros si me quedaba por aquí. Así que tendría que recorrer más territorio si quería conseguir algo.  “Tal vez un ciervo…” pensé resignada. Aunque no deje que eso eclipsara mi día.

Corrí todo el trayecto hasta que encontré el bosque. Era algo extenso y con mucha vegetación. Me introduje en él. Había muchos sonidos a mí alrededor, pero por momentos paraba cuando pasaba. 

Era curioso como la naturaleza reconocía a un depredador. Los humanos no lo hacen siempre, pero a veces podían sentir que era diferente a ellos.

Seguí caminado, adentrándome entre los árboles un poco más, hasta que me percate de un pequeño riachuelo a unos metros de mí. Podía escuchar al animal beber el agua. Lo rodee rápidamente, antes de que pudiera percibir algo. Ya estaba detrás, tomándolo y bebiendo su sangre. 

No era lo mismo que la sangre humana o la de un animal carnívoro, pero me ayudaba a no pensar en los humanos como comida ambulante. La sangre de los ciervos era algo liviano. Se sentía como si le faltara algo; pero bueno, esto me serviría, ya que no podíamos mudarnos aun a otro lugar. 

No manche mi vestido. Este se encontraba impecable al terminar. Una gota de sangre casi se escapa de entre mis labios cuando deje caer al ciervo que ya estaba muerto. Lo abandone entre unos árboles, los carroñeros se encargarían de su cuerpo.

Seguí recorriendo mi nuevo territorio de caza rápidamente, aunque tenía mucho tiempo, debía reconocer el terreno en donde vendría a cazar, para evitar que me vieran. Tenía que ser muy cuidadosa. 

Oí un sonido a lo lejos, tal vez unos metros hacia el este de donde me encontraba. E inmediatamente lo supe. La fuente de los sonidos, era la de un humano y estaba solo por lo que podía percibir. 

Había visto algunas de las trampas de los cazadores mientras recorría el terreno. Seguro, era uno de ellos. Me acerque precipitadamente a donde se encontraba el humano.

Lo observo de lejos, era un muchacho probablemente de su edad, alto o al menos lo era más que ella. Hizo un poco de ruido a propósito al acercarse, lo que hizo que girara en su dirección apuntándome con su arco. 

No me sobresalte por eso. Podía muy fácilmente esquivar la flecha o sostenerla en el aire justo antes de que me hiciera nada. Claro que ninguna de esas opciones era muy inteligente de mi parte si quería sostener mi facha de una joven humana. 

Pero estaba tan sola todos los días, quería tener amigos, compartir cosas con alguien. Esta era mi oportunidad para ver si podía conseguir a alguien con quien pasar mi tiempo… Cuando el joven se dio cuenta de que la estaba apuntando todavía, bajo el arco para dejar de hacerlo. Pero se quedo mirándome atentamente, como si algo que no podía controlar, lo obligara a ello. 

“Como el ave con la serpiente” reflexione consciente de que siempre había tenido esa reacción por parte de todo el mundo, incluso mi tío se sentía muy protector conmigo. 

Como si fuera su mundo…aunque claro, afectaba en distintos grados a los humanos.  Así que en su tío, un lado protector afloraba fieramente. Una vez reflexione sobre ello. 

“Es mi tío, y soy su sangre”  pensé esa vez. El sentimiento solo fue reforzado por lo que fuera que hiciera reaccionar a las personas hacia ella. El chico irrumpió el hilo de pensamientos en los que me encontraba al decir:

—Disculpe pensé que era un…—sacudió la cabeza por un instante y luego me miro algo apenado—No importa, de todos modos, buenos días… y señorita... podría  decirme ¿qué hace aquí? No debería, sabe…andar por estos bosques, es peligroso. 

Escuche lo que decía.  Y por su tono, realmente parecía preocupado por mí. Permanecí en silencio observándolo. Era interesante como podía sentir la velocidad con que latía el corazón de una persona. 

—No es bueno que este aquí —dijo mirando por todos lados y de nuevo a mí— Esta zona del bosque es peligrosa. Hay una gran cantidad de animales salvajes ¿sabe?…  ¿acaso esta sola? —continuó hablando el joven —O  ¿está pérdida?  

—No, no estoy pérdida —respondí con una pequeña sonrisa, el cual me devolvió. Aunque pareció algo afectado por la cadencia del sonido de mi voz. Levante mi mano con movimientos lentos y jugué con la punta de mi cabello, aun no me acercaba a él, que pareció tranquilizarse con lo que le dije antes.

—Ya veo, me alegra oírlo…pensé que tal vez, se había perdido. No es de por aquí ¿verdad? —pregunto, otra vez parecía algo perturbado. No era raro, ya que era otro efecto que tenía en las personas.

— ¿Por qué dices que no soy de por aquí? —indague curiosa, pero evite responder a su pregunta. No le diría de donde era o venia. Eso no era inteligente. De donde era, no era necesario que se lo dijera.

—Porque si fuera de por aquí, la recordaría —contesto y un leve sonrojo cubrió su semblante. Pareció apenado por la declaración, aunque no sabría decir el por qué.

—Ya veo —conteste y asentí en reconocimiento. 

Se hizo un silencio largo entre los dos después de eso. 

—Bien… —dijo de pronto rompiendo el silencio en el que habían caído, lo que me llevo a mirarlo fijamente esta vez —Bien. Esto..., si no estás pérdida. ¿Por qué estás aquí? 

—Un paseo…—respondí. Pareció extrañado por mi respuesta, pero no dijo nada sobre ello.
— ¿Vas a alguna parte ahora mismo? ¿Necesitas algo?— me pregunto. “A mi” Le oí decir después en un susurro, que por supuesto escuche. Mi audición es muy buena. 

Me pareció divertido que dijera eso, aunque no entendí porque mientras lo decía su rostro estaba un poco coloreado. 

—En realidad sí necesito una cosa.

— ¿Qué es? —respondió rápidamente, como si fuera a hacer lo que sea para conseguir lo que le pidiera.

—Bueno…tal vez si este un poco, no perdida pero si desorientada… ¿podrías acompañarme al final del bosque para que pueda regresar a mi casa sola? — sí, estaba siendo algo atrevida, pero me causo una buena impresión, y si no daba el paso, nunca tendría un amigo.

—Con mucho gusto…— contesto. Luego dudó y pareció darse cuenta de algo y agregó —Solo tengo que revisar otras cosas aquí que mi padre me ordenó y puedo acompañarte. No te molesta esperar ¿verdad?

—No me molesta.

— ¿No?

—No. Puedes hacer el trabajo que te encomendaron y luego me acompañas…no importa. Me agrada estar aquí —le explique. Esto último pareció convencerlo más que lo anterior. 

Después de que verificó todas las trampas que él y su padre habían colocado, cumplió su promesa.  Me dedique a observarlo trabajar. Él, era alto, con un cuerpo bien formado debido al esfuerzo diario de su trabajo. Tenía entre diecisiete u dieciocho años, tenía el pelo color castaño rojizo y sus ojos eran de un rico color marrón tierra. 

Mientras hablábamos descubrí que era un joven inteligente y bondadoso, que amaba a su familia. No le molestó que le hiciera preguntas, y yo me encontré contestado algunas que me había hecho.
Hablamos de muchas cosas mientras salíamos del bosque, incluso que en su familia eran cinco hermanos y él era el primero. Eran cuatro varones y la ultima, fue una niña que era la consentida de su padre y madre. 

El tiempo pareció pasar volando cuando llegamos al final del bosque, donde se divisaba el camino principal. Estaba algo triste, era hora de regresar a casa, aun cuando se estaba entreteniendo tanto.

—Bueno ya estamos aquí. ¿Crees que podrás regresar sola a tu casa? 

—Sí, sí puedo regresar sola —dije—Aunque hay algo que me gustaría saber…

— ¿Y que es…?

—Tu nombre; hemos hablado mucho, pero aun no me has dicho tu nombre…—cuando lo dije pareció pensar en ello y se sonrojo levemente otra vez.

—Me llamo Alexander...

—Alexander —repetí quedamente probando su nombre. —Encantada de conocerte, Alexander.
Me sonrió agradablemente  — Y ¿Cuál es  el tuyo? —Inquirió el por su parte —Tu nombre quiero decir, tampoco… me has dicho el tuyo 

Yo sonreía afectuosamente mientras veía esos sutiles cambios en su mirada y sus gestos. Pero era verdad, no le había dicho mi nombre tampoco, fue muy gracioso que ambos estuviéramos hablando tanto el uno del otro en tan breve tiempo y no me había presentado.

— Oh, claro…mi nombre es Sharon —le proporcione y observe el cielo de pronto.
Ya se había hecho muy de tarde. Y tenía que regresar a casa. Así que me despedí diciendo que tal vez podríamos encontrarnos de nuevo  y me fui. 

Él no me detuvo, ni pregunto nada más. Me dejo partir y seguimos caminos separados después de todo mi casa estaba a varios millas de distancia. Esa no fue la única o ultima vez en que lo vi. Ya que él y yo nos hicimos grandes amigos. 

Alexander fue mi primer y único amigo al menos hasta que eso sucedió. 

Alexander y yo fuimos a pasear por las colinas cerca del pueblo donde vivía. Llevábamos unos siete u ocho meses conociéndonos el uno al otro. 

Había preparado algo para que comiéramos en una canasta que hallé entre los estantes de la casa. Nuestra estancia en esta zona había sido la más placentera de todas. Nadie se metía en los asuntos de otros. Mi tío y yo creíamos que era una de las mejores regiones en las que hubiésemos llegado. 

—¡¡Sharon deja de pensar en tantas cosas!! —me gritó Alexander subido a un gran árbol. Me reí al divisarlo, parecía un niño, descubría la alegría de la vida en las cosas más simples. Me agradaba eso de él. Me gustaba todo de él, en realidad. 

— ¡Ya voy! —le respondí de vuelta. Apresure el paso pero a una velocidad humana. Aunque ya éramos amigos, no le había contado mi secreto más grande. 

Cuando llegue al árbol desde el cual me había hablado, ya estaba en el suelo.
—Sí que eres lenta a veces Sharon —me dijo mientras me ayudaba con la canasta de comida — ¿Qué has traído hoy? Me muero de hambre

—Tú siempre quieres comer Alexander—le comente riendo ¿He mencionado que es un glotón? ¿No…? Pues si lo es, come mucho…a veces no sé donde le cabe toda la comida que consume. Y cuando había descubierto esto había aprendido a hacer algunas comidas para él. 

Aprender a cocinar fue fácil…no me tomó mucho tiempo dominar el arte de la cocina, como lo llamaba mi tío. Si, a mi tío también le gustaba comer, Alexander y mi tío se parecían en algo. 

—Vamos Sharon, quiero mostrarte algo…—expresó de pronto excitado, olvidando la comida. Debía ser algo importante lo que deseaba mostrarle. 

Le tomó la mano y empezó a apresurar el paso. No le costó seguirlo, ya que la verdad para ella, el cómo se movilizaba él, era lento. Pero tampoco le dijo que disminuyera el paso para que no la descubriera. Parecía tan emocionado por mostrarle lo que fuera que sería aquello.

Caminaron entre los árboles pasando por caminos angostos y sinuosos, por ultimo subieron por una cuesta, pararon unas ramas y arbustos hacia un claro. Después me detuve porque él lo hizo. Volteó hacia mí con una sonrisa y los ojos brillantes.

Me soltó la mano y me tomó de la cintura para colocarme delante de él. Estábamos al borde de un precipicio. Luego el me señaló todo el paisaje que se extendía ante nosotros. 

—Mira…¿no es hermoso?…—me dijo mientras sus ojos seguían resplandecientes y me miraban y luego otra vez hacia el frente.

Y en verdad lo era, era una vista excelente. Se divisaban los valles extensos y verdes. Las aves que sobrevolaban la zona. Divise un águila y varios halcones. 

Los ríos que trazaban los caminos hacia los lados sur y norte del bosque en donde se encontraron por primera vez. 

A un extremo del mismo se veía el pueblo donde posiblemente se encontraba la casa de Alexander. Divisábamos varias millas de toda la región. Increíble que hallara este lugar. 

—Sharon dime, ¿te gusta? …a caso no es el mejor lugar de todos —expresó todavía excitado. 

Le sonreí y asentí. Era hermoso, la zona se veía magnifica desde donde estaban. Casi abarcaba toda la región.

—Claro que si. Es… es perfecto. ¿Comeremos aquí?

—Sí.

—De acuerdo —le dije y me dispuse a ordenarlo todo.  Y estar tan absorta en lo que estaba haciendo, me costó caro. 

Todo paso tan rápido, tan rápido…Alexander sonriéndome y luego un gran animal apareció de pronto y lo atacó. 

Creo me quede paralizada, y no pude hacer nada en ese instante. Cuando reaccione contra el animal, este ya había embestido contra él.

 Utilice mi fuerza y aparté al animal de Alexander. Era un gran oso. Aun así no pudo hacer nada contra mi fuerza. Mate al animal, presionado su cuello hasta romperlo con mis brazos y lo arroje a un lado. 

Corrí hacia Alexander para ayudarlo, tenía una herida en su brazo de un gran zarpazo. No se desmayó como había pensado. Solo me miraba atentamente con algo de conmoción y miedo.

“… miedo” eso me detuvo de acercarme a él. Me tenía miedo. Cerré mis ojos un momento ante lo que significaba esto, él me había visto. 

Tendríamos que mudarnos otra vez. Y que él tuviera miedo de mí ahora significaba que ya no querría ser mi amigo. 

Su tío la regañaría por descubrirse ante un humano. Aunque eso no importaba ahora. Alexander estaba herido, debía ser fuerte, y ayudarlo si se lo permitía.

­—Alexander ¿me dejaras… acercarme? —le dije titubeante.

Él asintió lentamente, pero me acerque rápidamente, no le di oportunidad de retractarse. Tome su brazo lentamente y con cuidado. Era un gran y fea herida, le quedaría cicatriz pero nada más, tome el borde de mi vestido y saque un trozo del material para una venda y lo coloque en su brazo. 

Parecía la única herida que necesitaba atención. Había mucha sangre y el olor era fuerte. Me dio hambre, sed… pero resistí el impulso de probar su sangre. 

No sé porque pero la sangre de Alexander olía tan bien para ella, diferente que la de los otros humanos. Después de su primer encuentro se dio cuenta que no fue el sonido lo que la llevó a acercarse al él, si no… su olor.

Hizo pequeños sonidos cada vez que daba la vuelta la tela por su brazo. No me dirigió ni una palabra desde el incidente. Lo ayude a levantarse y a salir  del bosque. Tiempo durante el cual tampoco me dijo nada.

Lo lleve hasta la entrada del pueblo y me aleje unos pasos de él. Sabía que tenía que irme de ahí, contarle al tío todo… y volver a mudarnos. 

Jamás volvería a ver a Alexander.

Lo miré por última vez, aquellos ojos sinceros, que nunca me ocultaron nada. Aquel rostro que llegué a amar, mi único amigo y compañero. Ojos que ahora me miraban con desconcierto y miedo…como si fuera peligrosa para él. Quería llorar, destrozar algo. Me sentía perdida.

—Sharon…yo…—dijo él finalmente. 

Pero no lo escuche, voltee y salí corriendo de allí.  Me tenía miedo, seguro ahora yo era un monstruo para él. Los humanos no quieren a los monstruos como amigos. Alexander ya no la quería a ella como amiga. Nada importaba ya. 

Tenía que decírselo todo a su tío y también preparar las cosas para trasladarse a otra parte. Su tío la regañaría, y tenía razón. Nunca debió pretender ser otra cosa de lo que en verdad era. Y lo que en verdad era, no era humano, no era normal.

Corrí  como si el viento en mi rostro se pudiera llevar los recuerdos de Alexander y llenase el vacío que quedaba dentro de mí. 

Había cosas que simplemente no podían ocurrir y debía resignarme a ello. Estaba tan absorta en mis sentimientos encontrados, y en lo que el tío me diría sobre lo que había hecho, que no me di cuenta que era observada desde las sombras.

Y esa fue la última vez que vi al humano Alexander.
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