Princesa del Cielo

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Asunción, Paraguay
Hola, soy una amante del chocolate y de la lectura paranormal. Me gusta leer, escribir e introducirme a los diferentes y fascinantes mundos que existen dentro de los libros.
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lunes, 18 de abril de 2011

Relatos a la Luna LLena



Sharon… siglos atrás…

Una niña corría por un pequeño campo. Su risa llenó el espacio en donde se encontraba, una melodiosa y llena de encanto. De pronto aquel dulce sonido se detuvo, la pequeña parecía de repente muy consciente de su alrededor. Un leve sonido le había llamado la atención. Provenía de unos arbustos a su izquierda.

Eso hizo que girara la cabeza hacia atrás.

Unos preciosos ojos ámbar, se dejaron ver en el rostro de la pequeña, mientras la comisura de su labio dejó entrever un atisbo de sonrisa. Sus ojos estaban observando un hermoso puma oculto entre las matas. Agazapado y listo para atacar a su
presa… La niña rió, extasiada al verlo mientras un extraño brillo se refleja en sus ojos. Su rostro. El de un ángel. Una criatura tan bella que su hermosura daría miedo o fascinación.

Sin apartar los ojos del animal, la niña alejó un mechón de cabello que le había cubierto el rostro. La brisa del atardecer parecía hacerse más fuerte a cada minuto. Y, sin más preámbulos, se lanzó hacia él…

El puma seria la presa hoy y no el cazador…
 
 
 
Saber que tienes toda la eternidad, suele parecer tedioso a veces. Sobre todo si estás sola. Nadie con quien compartir, con quien sonreír. Algunos humanos tenían eso. Ella no. A pesar de que una parte suya aun se podía considerar humana.

Ya había pasado un año desde que su padre había asesinado a su tío Sebastián. “Oh, como lo extrañaba y debía escapar de este lugar”. Se acomodó en la cama de la habitación en donde su padre la tenia cautiva. No le hacía daño porque era valiosa para él; de una manera extraña, pero lo era.

Prueba tras prueba de sus habilidades y su alcance. Había quedado exhausta.

Se internó en el sueño que la llevaba a aquellos años en los que no era completamente feliz, pero al menos había alguien que la amaba, por ser solo ella y no un arma con posibilidades infinitas para objetivos, en los cuales, su opinión no importaba.

Siglos atrás… En algún lugar situado en Europa…


—Tío… tío, mira… un ave, se ha posado en mi mano –decía la pequeña Sharon mientras se movía con mucha delicadeza hacia el hombre que llamaba. Éste solo sonrió en respuesta. Una sonrisa amable, en la que compartía la alegría de la pequeña, pero en cuyos ojos existía también preocupación.

—Es excelente mi ángel, hermoso… —exclamó—. Es hora de marcharnos. Deja al ave, y volvamos a casa —le indicó. La pequeña asintió, y con un movimiento de su mano, el ave echó vuelo.

Minutos más tarde se encontraba en una pequeña habitación destinada para ella. No podía salir mucho fuera de la casa. Lo poco que salía era en las tardes como ésa; en las que el sol se ocultaba tras una gran muralla de nubes, o cuando era necesario que ella consumiera algo más que comida. Esa tarde también se había alimentado de un animal.

Ella sospechaba que, aunque su tío no se lo decía directamente, era diferente a las demás personas. Si no ¿por qué se mudaban cada tres o cuatro meses? ¿Por qué no debía ser vista? ¿Por qué deseaba probar la sangre de las personas? Su tío le había dicho que tomar sangre de las personas no era bueno.

Entonces ¿era algo malo? ¿Ella era mala por ello? Tantas preguntas y ninguna respuesta. Tal vez su tío pensaba que ella no comprendería. Pero lo haría si se lo explicaba. Estaba muy segura de ello.

Se subió a su cama gateando y acomodándose bien sobre las sabanas; bien limpias y acomodadas. Se colocó boca arriba y con las manos sobre su vientre, observando el techo. Sus pequeños dedos jugando con el lazo de su simple vestido de color azul pálido.

“Tenía que saber”, pensó. Ella tenía que saber en qué era diferente. Se lo preguntaría a su tío por la mañana. Se revolvió en su cama y no logro conciliar el sueño. Observó la gran ventana a su izquierda que estaba entreabierta y aparentemente muy alta para que ella la alcanzara. Bueno, para cualquier niña de su edad lo sería, pero no para ella.

Se levantó de la cama y dio un salto. Se sostuvo del marco de la ventana y salió por ella. Siempre se imaginó que debía parecer un gato cada vez que hacía eso.

No se preocupó de si alguien podía verla. Ya era muy noche…y después de todo, vivían lejos del pueblo. Ella no debía ser vista por las personas. Tampoco jugar con otros niños. Esto último no le preocupó mucho. Ella amaba correr por el campo. El silencio. Observar como la naturaleza la llevaba a un mundo que sólo sus ojos podían ver.

Tenía un entendimiento muy claro de las cosas que la rodeaban. Algo que sorprendía incluso a su tío. Sí, porque aun en su corta edad, ella podía comprender si le explicaban. Suspiro débilmente.

“¿Por qué su tío no le decía qué andaba mal con ella? ¿Qué la hacía diferente?”. Se colocó en medio del techo de la casa, observando el cielo.

Hoy la luna no se asomó en el firmamento, las nubes la tenían apresada y oculta. “La luna se debía sentir triste porque no podía ser vista”, pensó de pronto. Se lo impedían y no podía hacer nada para arreglarlo. Al igual que ella. Porque amaba mucho a su tío, era su única familia. Y tal vez si le preguntaba qué era eso que la hacía diferente, le haría daño sin saberlo.

“Oh, luna, somos tan parecidas este día”, dijo. Mientras, una lágrima rodaba por su mejilla. Levantó una mano, se quito la lágrima y se metió al cuarto a dormir.

6 comentarios:

  1. te falta subir el restooooooo

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  2. si esta la continuación.... solo que mas abajo jijiji

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  3. si....escribire...¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    kair ...ya puedes comentar¡¡¡¡¡¡¡¡
    (ojitos brillantes)

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  4. siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii (kari aplaudiendo)

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  5. Gracias¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    ya esta la otra parte

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