Princesa del Cielo

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Asunción, Paraguay
Hola, soy una amante del chocolate y de la lectura paranormal. Me gusta leer, escribir e introducirme a los diferentes y fascinantes mundos que existen dentro de los libros.
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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Savage Highland II



I El despertar del Espíritu 2


Cuando despertó, se dio cuenta que la pesadilla aun no había acabado. Todo era real. Porque aun se encontraba tirada en el suelo de un bosque que no conocía y las heridas le escocían mucho, aun sin moverse para nada.

No supo por cuánto tiempo había perdido el conocimiento. Si fueron horas, minutos o solo segundos, no sabría precisarlo. De lo que si estaba segura, era que cada segundo que pasaba sólo le decían que estaba sola en esto. Nadie vendría a rescatarla o al menos no pronto.

Y encima se encontraba lejos de casa. El pensamiento hizo que otra vez una pequeña lágrima brotara de sus ojos. Con sumo cuidado se llevó la mano al rostro para secárselo, ya que sabía que cualquier movimiento, por muy pequeño que fuera de su parte, traería de nuevo el dolor a su cuerpo.

“No es momento de lloriqueos” se reprendió. Su padre y hermanos le habían enseñado a ser fuerte.
“Así que basta de lagrimitas” se recalcó mentalmente como reprochándose aquella debilidad.

Y decidida a no dejarse llevar por el pánico, observó su entorno un poco mejor, tratando de no perderse de nada. De hallar alguna pista de donde se hallaba.

“No” confirmó para sí misma.

El lugar no se le hizo ni remotamente conocido. Cerró los ojos por un instante y luego los abrió  de nuevo, se tranquilizo un poco. “Solo respira tranquilamente” se dijo. Aunque era más fácil decirlo que hacerlo.
Tenía que intentar pararse, exhalo y expiro aire un par de veces más antes de hacerlo y cuando estuvo a punto de realizar el movimiento para ponerse de pie —por el rabillo del ojo—pudo ver que algo a su izquierda, se movió.

Lo que la hizo girar bruscamente hacia lo que fuera que se fuera eso. Lo cual por cierto no fue una buena idea ya que un espasmo de dolor le recorrió el cuerpo entero, haciéndole tensarse. Pero al menos no se desmayo como la última vez. Contuvo el aliento un segundo o dos, concentrándose en aguantar el dolor y después volvió a respirar lenta, muy lentamente.

Cuando el dolor disminuyó un poco, respiro temblorosamente y logró girar la cabeza de donde creía haber visto la sombra. Miró atentamente los matorrales que se alzaban como un metro o tal vez más del suelo y entonces lo supo, algo o alguien estaba allí con ella.

“Demonios” exclamo mentalmente, maldiciendo su suerte pero aun así en una voz algo débil dijo:
—¿Quién eres? —La voz le salió muy baja podría decirse que casi en un susurro. No sabía si era una persona o un animal— lo cual le haría sentirse tonta— pero en ese instante estaba sola y herida, al infierno con todo —Si no te muestras, juro que…. —No pudo terminar la frase, porque  la figura de un hombre se reveló en toda gloria delante de sus ojos — ¿Quién demonios eres? —hizo la pregunta quedamente con la voz ronca, cada palabra brotaba de sus labios forzosamente.

— ¿Quién…? —le inquirió el de nuevo. El hombre ante ella era joven, como unos 28 años o tal vez mas, era de complexión fuerte y con unos ojos azules que podrían robarle el aliento, unos ojos en  los que parecía residir el mismo océano y te invitaban a ahondar dentro de sus profundidades.

“¡¡Pero qué demonios!!” se regañó así misma examinando el hilo de sus pensamientos. Ella no tenía tiempo de deleitarse con el apuesto hombre que apareció. Más bien debería de sentirse preocupada de él. Tal vez fuera era el maldito hijo… de... bueno, el que le había hecho esto.

“No confíes en lo que ven tus ojos mi niña, solo sigue lo que te dice tu corazón y tu intuición, ellos no fallan” pensó recordando las palabras de su abuela.

Con eso su abuela le quería decir; que ella siempre se adelantaba en las conclusiones y atacaba en vez de ser paciente y  ver si era o no acertada la decisión que había tomado. Dio un pequeño y largo suspiro mientras se obligó a mirar otra vez al hombre frente a ella.

No debía bajar la guardia ante él. Quien por cierto, solo estaba ahí parado mirándola fijamente, como si le sorprendiera que ella le hubiera visto o dirigido la palabra.

“Bien, tal vez no fuera el que la puso aquí, pero el tipo estaba un mar de sorprendido al verla. Curioso” afirmo mentalmente. Y como pensó que no le había escuchado la primera vez, se aclaro la garganta y hablo de nuevo:

— ¿Quien…? —Comenzó con voz más ronca que la anterior por lo que se aclaro un poco más la garganta y formulo con una voz más clara la pregunta—. ¿Quién eres? —Dijo y el hombre pareció sonreír ante eso —raro —esa era la palabra que se le venía a la mente al mirarlo verla fijamente sonriendo. No había nada gracioso en la situación.
—Soy…Alan… —dijo en voz baja… aun sorprendido por quien sabe qué cosa, bueno; tal vez era ella lo que lo sorprendía. Encontrar a una mujer joven mortalmente apaleada en mitad del bosque no era muy común verdad ¿o sí? No, definitivamente era algo inusual al menos eso creía.
– ¿Y Tú eres? —prosiguió el joven después de unos instantes, luego de decirle su nombre ya que vio que estaba muy silenciosa. Y ya que estábamos que era su pregunta ¿Esta era una maldita reunión de presentación o qué?
—Nimue, soy Nimue… ¿Vas a ayudarme o te vas a seguir observándome, como un tonto? —Eso despertó un brillo en los ojos del tal Alan.
—“Jodido infierno”— pensó cuando un dolor intenso volvió a atravesarla “Debería quitarse ese mal vocabulario” se dijo al darse cuenta que lo había dicho también en voz alta y el hombre llamado Alan, la miro abriendo un poco los ojos por lo que agrego mentalmente “Estúpidos hermanos y sus costumbres pegajosas”

Miro al hombre frente a ella y pensó que él, tal vez sí que lo había planeado, dejarla sola y a su suerte. Después de todo no le debía nada a ella. Un pequeño quejido de dolor broto de sus labios.

Él, se acercó lentamente a donde estaba y luego de haberla examinado le dijo:

—Si pequeña, lo haré.  Te ayudaré, quiero decir. Esto… después de todo, es mi labor… —le dijo por último, pero ella solo logró escuchar que la ayudaría, ya que no pudo permanecer despierta, y la oscuridad la atrapo de nuevo envolviéndola.

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